¿Si es chileno, es bueno?.

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Hasta el juego de cartas es más divertido que ver esta película
NOTA: El autor se reserva el derecho de pasarse por la raja todos los comentarios de palurdos con déficit atencional y dificultad de comprensión lectora, como así tontos graves que no entienden que ésto es una opinión sesgada de este humilde servidor, por lo que no busca ser la verdad absoluta; sino lo que más se le acerque a ella.

Normalmente, cuando nos acercamos al 18 de Septiembre, aquí en Chile, ese amor irrestricto, y orgullo a lo que haya sido creado en estas tierra, sea lo que sea, siempre me ha llamado la atención. Y claro, gran parte de la población, recuerda sólo en estas fechas, que vive y respira en esa larga y angosta faja de tierra que parece un fruto picante que se come con sal (a veces). Ya se ha hablado antes, en este dije y buena onda rincón en la internet, sobre el nacionalismo mal entendido, o de cómo podemos pasar de seres relativamente pensantes a masas eufóricas, pero esta vez me detengo en otra cosa;  nunca nos hemos detenido en hablar de lo que nace en nuestro país, todo aquello que lleva, con orgullo a veces, con vergüenza en otras ocasiones, el rótulo “Made in Chile”. Porque, claro, habla mal de ello, justificada o injustificadamente, 11 meses del año, pero en Septiembre no;  pobre de tí que hables mal de la patria, y de lo que nace aquí, en estos días, que las penas del infierno caerán sobre tí.

Así, defendemos con uñas y dientes películas, teleseries, grupos musicales, equipos de fútbol, y cuanta cosa Made in Chile puede llegar a defenderse. Pero la verdad sea dicha, ¿lo hacemos porque de verdad son buenas, o ya tenemos tan metido en la mollera ese dicho “si es chileno, es bueno”, que lo asumimos como mantra y verdad absoluta?… Averíguenlo, a continuación…

Exiliada, concertacionista declarada, y hoy alaba a Piñera... La magia del Premio Nacional de Literatura

En estos días hemos visto un hecho histórico – quizás motivado por el clima político y cultural actual, o quizás motivado al no tener a nadie mejor a quien premiar – que cambia la valoración de una escritora, para todo el vulgo. Así es, este año, Isabel Allende, la misma escritora que nos regaló clásicos de mierda como La Ciudad de las Bestias, o La Casa de los Espíritus, recibió el Premio Nacional de Literatura. Basta ver que, mágicamente, y después de 2 décadas de basureo (a mi gusto justificado) a Isabel Allende, hoy es la mejor escritora chilena de novelas, la más pro, y una vaca sagrada de ahora en más, porque es Premio Nacional, mierda!!!. Pero, y la verdad sea dicha, muchos consideramos que, salvo su talento para crear melodramas digeribles por la grey, poco y nada nos puede ofrecer este escritora. Y tenemos autores ninguneados por años, como Armando Uribe, que si no fuera porque el 2004 le dieron este mismo premio, casi nadie sabría de su existencia. No quiero criticar la calidad de Isabel Allende como cuenta cuentos, pero como novelista en sí, está lejos de otros colegas, como Franz Kafka, Ray Bradbury, o Gabriel García Marquez (haciendo paralelos simples, y obviando los estilos de cada uno) . Y así, estamos llenos de escritores que por una u otra razón son más conocidos que apreciados. Así, autores como Pablo Simonneti, Enrique Lafourcade, y Erick Polhammer, entre otro autor que restriega o se ufana de su superioridad al ser “escritor”, no son capaces de darse cuenta que sus obras no juntan ni pegan, terminando más como ingratos recuerdos (como gran parte de la literatura obligatoria en los años del Gobierno Militar), que como obras con verdadero valor narrativo, poético, y literario. Es obvio que, en contraste, tenemos reconocidos exponentes como Pablo Neruda, Roberto Bolaño, o Gabriela Mistral, por ejemplo, que, vidas personales, gustos, ideologías, o estilo de sus obras, no se puede negar que son (o fueron) lo suficientemente buenos para ser referentes fuera de Chile, a pesar de ser sistemáticamente ninguneados, hasta que, como siempre, se les reconoció tarde su valor en el legado cultural de un país con poca cultura.

Vi la película, tomé el DVD, y lo hice mierda... No me arrepiento, me costó luca no más

Quizás la literatura no es el mejor ejemplo (lo se, somos un país chico en donde con suerte leemos libros), pero hay un campo en específico en que aprovechamos el hecho de ser “el último lugar del mundo” para tratar de llamar la atención… El Cine… Todos estamos de acuerdo que gran parte del Cine Chileno no sirve ni siquiera para ver un día viernes o sábado en TVN, y es debido al discursillo constante del “Mensaje Social”… ¡Las pelotas!.  Discurso social es el de Machuca, y funciona, porque está bien contado; pero La Nana, película sensación del año pasado,  intenta darnos una lección moral, y al final, terminamos con un sueño monumental. Y es que los cineastas, salvo contadísimas excepciones, nos sumergen en historias archi contadas, monótonas, insípidas, y lo peor, carentes de atractivo para el gentío. ASí, las historias de colegialas marihuaneras, nerds obsesionados con la fantasía, resentidos del Golpe de Estado, weones sin personalidad, minas que muestran las tetas por todo, y personajes cómicos que no logran sacar sonrisas, tapan y repletan la oferta cinéfila nacional. Hay directores que han buscado crear nichos propios, a través del “cine de género”; pero, y salvo Ernesto Diaz con su tándem Kiltro – Mirageman – Mandrill, todos los otros han fallado rotúndamente, con películas de terror que ni risa dan, con historias de aventuras que nadie soporta, y con superproducciones que no valen un peso. De que mierda sirve que una película compita en cuanto Festival de Cine puede entrar, aunque sea de colado, gane uno y mil premios, y reciba buenas reseñas de los críticos que olvidaron que el Cine, hoy, es entretención, no sermón y discurso añejo, si a la hora de ser exhibida en el Cine, para tda la gente, la película no logra mantener al weonaje viendo más de 5 minutos seguidos la pantalla. Por eso la gente, hoy, le hace la cruz al Cine Chileno sin siquiera saber de que se tratan las cintas, porque saben que la mayoría hablan de temas y momentos históricos que, a pesar de su contenido, no quieren gastar sus pocas lucas en algo que no los hará olvidar sus realidades, buenas o malas, por 2 horas, y saliendo más mal de lo que ya estaban al entrar a ver el filme de mierda.

Dos palabras... EPIC FAIL

Hablaría del Teatro, la Danza, y otras artes, pero la verdad, ni me atraen, ni son del consumo masivo, así que las descarto. En su lugar, hablo de, quizás, el área más polémica hoy por hoy, gracias al iluminado proyecto de ley del 20% en las Radios… La música criolla… No podemos negar que en Chile han nacido artistas que si han hecho la diferencia en la música, como Claudio Arrau, Verónica Villarroel, o Pentagram; pero así como tenemos artistas y bandas de variados estilos, que son capos en sus áreas, esos pocos no logran salvarnos de la montonera de macacos pseudo-artistas vomitivos que, o por marketing y fórmula de venta fácil a públicos ahueonaos (entiéndase pendejos, quinceañeras que no saben donde chucha tiran los calzones, y maracas huecas y sin poder de decisión), o por la fuerza de los medios de comunicación reinantes, nos los entregan como derivados pastificados, ultra procesados, y sin calorias ni nutrientes (como las generaciones de Rojo, las maracas y los maricones de Mekano y Yingo, los pendex shupers de las series juveniles de la tarde, etc), gastan valiosos minutos – y aire – que otros grupos y/o músicos matarían por tener. Obvio que hay casos donde la autogestión hace la diferencia, y que muchas bandas y artistas no dependen ni de la radio ni de la tele – como Hielo Negro o Tumulto, por ejemplo – para demostrar que son buenos en lo que hacen, pero con tanta mierda en el medio, esos ríos y ríos de caca nos impiden ver en su real magnitud a esos artistas que, con pinzas, demuestran que se pueden hacer las cosas bien en este país a medias. Y este proyecto de ley del 20% de música chilena en las radios, hasta ahora, podría generar más problemas que soluciones, gracias a lo mal hecho del proyecto de ley, por que es suceptible de cuanta interpretación se nos ocurra.

Lo terrible de todo ésto no es saber si nuestros artistas, esos loquillos que invierten su tiempo en tratar de entretenernos (o de ganar dinero a costa de nosotros), sean o no sean malos. Lo malo de todo ésto es que, no importa quién sea o qué hagan estos personajes, tomamos dos posturas radiclaes y terroristas: O los weones son lo peor de lo peor; o como son chilenos, son lo mejor del mundo, y hay que defenderlos sea como sea.

Papurris, ¿que opinan de esta cancioncita?...
Papurris, ¿que opinan de esta cancioncita?...

Así aparecen los que, por un lado, protegen todo lo que lleve el rótulo Made in Chile, cual guerra santa estuviéramos viviendo. Terroristas disfrazados de fanáticos, como los que menciona Snake; vendedores de pomada que toman la bandera del producto chileno “porque es cool”; los mismos pseudo-artistas que, por poco e indignados, desprecian al vulgo y lo tratan de evangelizar con su arte; el nacionalista al peo que siente como causa de guerra el no preferir la producción criolla; y un variado etcétera de bichos raros que, por cosas de flojera, prefiero no mencionar. Por la otra esquina, los que no quieren saber nada sobe lo que se crea en Chile, normalmente lo hacen como consecuencia de su insatisfacción de la sociedad y cultura de nuestro país. Así, aparecen los renegantes constantes de cualquier cosa con rastro chileno, a pesar de serlos, sólo porque no quieren sentirse tercermundistas; los peuso-artistas envidiosos por el éxito (justo o no) de sus pares; o los que lo hacen sólo por joder la pita.

No me malinterpreten, no critico al producto nacional porque si, mal que mal, yo también pertenezco a este mundillo de pseudo-artistas, y de repente caigo en el facilismo de escudarme en ser chileno para justificar e incentivar mis creaciones. Creo que no somos ni tan buenos ni tan malos. Por un lado, nos falta creernos el cuento de que si le ponemos las ganas, el cariño, y la seriedad a lo que hacemos, obtendremos muy buenos resultados. Pero también reniego de todo aquel que se crea el hoyo del queque sólo porque sus amigos, y con suerte su vecino, le dijeron que las cosas salen bien. Es cosa de cada uno si apoya el producto nacional o no, o si lo critica con fundamentos o lo hace por seguir la corriente. Pero, como sugerencia, antes de hablar, denle una oportunidad a algo que sea “Made in Chile”… No dudo que encontrarán mucha mierda en el camino, pero tampoco dudo que encontrarán algo que les gustará, y mucho.-

6 Comments

  1. Concuerdo con la lacra sionista de mierda que posteo arriba,

    Six pack (nombre glorioso donde los haya) es la verdad por

    1.- Raquelita “kel, mi mama es una vieja de mierda, yo canto como Corpsegrinder fisher pero igual soy rica” Calderon

    2.- Luciana Echeverria

    se que en la banda culia hay hasta un gitano, pero con esas dos razones debiera bastar.

  2. Concuerdo en varios aspectos con el escritor de tan maravilloso articulo. Mi aporte seria decir que ser Chileno es valorar y conocer su historia, su cultura, su idiosincrasia y sus costumbres, valorarlas por lo que son, cosas propias. Ser chileno no es webear a los argentinos o a los peruanos por una pelota, o defender la bandera como algo sobrenatural, ser chileno es saber que uno tiene raices y que no son la ultima chupa’el mate, pero son las propias y las unicas que tenemos.

  3. Hay algo raro en ese chilenismo también. A veces, alguien hace algo (película, música, arte, cuchuflís o qué se yo) y nadie lo pesca. Pero cuando esos casos raros logran un reconocimiento de otro país, de inmediato es chileno, y se hacen biografías y documentales, visitas al presidente de turno y cuanta cosa se pueda hacer. Es como si, al ser famosos o premiados fuera del país, recién se vuelven de calidad y símbolos de Chile, pero antes de salir acá nadie les daba fondos, nadie los apoyaba, etc. Eso me molesta más que otras cosas. Pasó con Arrau, que lo becaron para estudiar en Alemania pero como al año se le quitaron los beneficios, y su familia vivió para el gato un buen tiempo. Pasó con Mistral, que hasta peñascazos recibió, pero apenas triunfó afuera acá se volvió material obligado…y está de más recordar que Arrau ganó todos los premios posibles y recién en el ochenta y algo le dieron el nacional de música, y a Gabriela Mistral el nacional de literatura años después de haber ganado el Nobel.

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