La Euforia… Bipolarmente Patéticos

El mensaje que generó todo

Desde el domingo hemos estado recibiendo información sobre el destino de aquellos 33 mineros que, por egoísmo de unos pocos, inoperancia de otros, y necesidad los suyos, han estado casi 15 días bajo tierra, sin poder ser rescatados todavía. Una nota, humilde, escrita en tinta roja, despertó la esperanza de sus familiares y amigos, que aún ven una luz de esperanza, la misma luz que ahora estos 33 hombres ven, también, al saber que afuera algo se hace para sacarlos de ahí.

Es cierto, es una gran noticia saber que, a 17 días del derrumbe en la Mina San José, estos hombres aún están con vida y, al parecer, en buenas condiciones (pese a todo, claro está), pero lo que ha venido desde ese momento en que el mensaje pulcro y limpio (duda razonable mode on) llegó a manos de nuestro Presidente, el Hombre Polilla, Sebastían Piñera (ya hablaré de él en otra oportunidad), ha sido una explosión de, quizás, lo peor que tenemos hoy los Homo Chilensis, y que ha hecho de una jornada de alivio parcial, una jornada de vergüenza ajena… La Euforia… ¿A qué me refiero con eso?… ¡Pues siga leyendo, no sea flojo!.

La Euforia es lo que, al menos este humilde intento de servidor, entiende como esa condición que nos hace pasar de la alegría explosiva, a una pena psicótica suicida, a una ira a todo lo que se cruce en nuestro camino, por sólo mencionar ciertas condiciones “eufóricas”. Así es como, de estar un segundo en la cima del mundo, cual Leonardo Di Caprio en Titanic, pasamos al rato a ser peor que la caca de un escarabajo, como un Nicolás Lopez en Chile, o como un cientólogo cualquiera en el mundo. Pongamos este ejemplo para ilustrar mi argumento:

Juanito ve que que el equipo de fútbol de sus amores pierde un partido clásico, con la pena y rabia de los jugadores, incluído; Juanito entra en estado de luto tan marcado, y fuerte, que pareciera que se hubiera muerto su mamá; Juanito no aguanta que sus más cercanos siquiera osen recordarle la caída de su equipo, porque si no, sentirán la ira de Juanito; y Juanito olvidará este duelo, cuando otro duelo (valga la redundancia) sea protagonizado por la escuadra en cuestión.

Esta euforia chilensis nos hace sentir parte de situaciones y momentos que, por lógica, no lo son. Los más viejos recordarán cuando Lady Diana, en el ’96, murió, y todo el luto que se vivió aquí, en el último lugar del mundo, a pesar que con suerte la narigona sabía que Chile era un país, además de un fruto picante. Más reciente fué la muerte del mejor amigo de Pedobear, Michael Jackson, que por poco y se leva a varios compatriotas “por la pena” de que el negro que no quería ser negro estiró la pata. Cuando llega la hora de la Teletón, nos creemos lo más grande del planeta, por ser “los campeones de la solidaridad”, ya que podemos hacerle la vida un poco mejor a discapacitados,  sintiéndonos cual Leónidas cortándole la yugular a cuanto persa se le cruzó en la Termópilas. Cuando Chile logró estar entre los 16 mejores en este pasado Mundial de Sudáfrica, a pesar de que los españoles nos dieron un baile, y los brasileños nos humillaron, como siempre… Así, nuestra facilidad de pasar de una emoción a otra, nos hace ser bipolares, socialmente hablando, y volviéndonos una masa extremadamente fácil de manipular, si se sabe como hacerlo.

El problema no es pasar de un sentimiento opuesto a otro, y vivirlo como si fuera el fin del mundo, explotándolo a niveles insanos, es creer tener el derecho moral de usar esos sentimientos como justificativo de nuestra propia intolerancia (si el sentimiento es negativo), o de nuestra propia levedad del ser (si el sentimiento es positivo). Porque, es demasiado hipócrita ver que pelagatos que con suerte logran entender que la luz roja en un semáforo es para parar, y la verde para avanzar, salen a Plaza Italia a celebrar que 33 hombres aún están aislados en una mina que puede colapsar en cualquier momento, y que con suerte, en 6 meses podrán ser rescatados; o ver que gente sin sentido del humor, o sentido común, se ofende y condena cualquier opinión que no sea del tipo “¡los mineros están vivos, que felicidad más grande, hay que tirar la casa por la ventana!”.

Si ésto es normal, yo estoy loco

Nuevamente, llévelo a otras situaciones, y verá que ocurre lo mismo:  El fanboy que hace un video en internet para putear a un Don Nadie sólo porque no le gusta una banda de moda, y lo dice sin tapujos; el gil que celebra la victoria de un wea en un Reality Show como si él hubiera ganado el programa en vez del palurdo; la mina que se cree reina de belleza sólo porque a un pelotudo le gusta una de sus fotos en Facebook; o el fulano bloggero que cree que es el nuevo Franz Kafka, sólo porque su blog es visitado una vez al mes; entre otros ejemplos que me da flojera mencionar.

Como sea, el bombardeo de los medios no ayuda a moderar esta situación, con portadas horrendas como las de Las Últimas Noticias o La Cuarta, que ensalsan un orgullo mal entendido de ser chilenos, cuando en verdad deberían enfocarse en que esta historia pasa a ser un drama aún más latente, porque, y a pesar que ahora los 33 mineros tendrán comunicación con el exterior, y recibirán alimentos desde la superficie, eso no garantiza que puedan aguantar hasta el verano del próximo año. Con eso en mente, ¿es justo para las familias de los mineros bajo tierra, que un montón de descriteriados transformen ésta situación en una celebración cual clasificación al Mundial? . Díganme amargado, o insensible, pero es inconcebible para este servidor celebrar esta noticia, como en su momento me fue absurdo celebrar dos humillaciones en un Mundial, como también me fue tirado de las mechas guardar pena y luto por el estado de salud de un tipo al que encuentro, hará más bien muerto que vivo (me refiero a Gustavo Cerati). Cosas como éstas, hacen darme cuenta que somos unos bipolares de mierda… Incluso ahora, que escribo ésto, no niego mi rabia creciente… La euforia me gana… Soy bipolar… Y soy patético.-

¡Métanse las vuvuselas y las trompetas en la raja!

7 Comments

  1. El chileno celebra o condena cualquier weá porque tiene que llenar un vacío, vacío que producen sus patéticas vidas, quizás hasta me puedo incluir en el cocido, todos llenamos nuestros vacíos de una u otra forma, el problema del común chilensis random, es que lo hace de la manera mas WEONA posible.

  2. Ésa es la clásica epidemia mental que sufre el chileno en general. Alegrarse de manera apresurada frente a ciertos acontecimientos o tragarse lo primero que le diga la madre tele.

    Al fin y al cabo, eso es lo que me divierte de la gente de mi nación, a pesar de que muchos poco menos que se sienten indignados porque uno ve las cosas más allá que “los mineros están vivos, urra”.

  3. Puta si, totalmente de acuerdo. Me cago en los mineros. O sea, ojalá saquen a los culiaos y se vayan a su casa y vuelvan a tener un trabajo de mierda. Pero esa basura colectiva de creer que estamos unidos porque la puta agenda noticiosa nos hace creer eso, me parece de un paterismo absurdo que me hace pensar sobre el derecho que tenemos para seguir existiendo como país independiente.

    Somos una vergüenza sociocultural, demasiado provincianos. Tenemos tan poco que hacer en la vida y preocupaciones tan pedorras que ante cualquier evento semi-místico, rasgamos vestidura y afloramos un chauvinismo enfermo que a mi, sincéramente, me dan ganas de vomitar.

    Saludos! El Cerdo

  4. te ganaste un jumbito wn. y respecto a lo que dijo Angre Jew, wn , es natural que la gente de este país tenga un vacío del porte del bismark , es super poca la gente que tiene algún hobby, sea la lectura o tocar algún instrumento musical , etc. la mayoría de los gordos conchasuamadres pasan la vida mirando mierda por la tele

  5. Exelente artículo, 100% de razón, cuando me preguntaban por qué yo no celebraba, ahora tengo un artículo con el que responder sin tener que gastar tiempo en escribir.

    Por cierto, esta bipolaridad, se debe a que la sociedad chilena está tan dormida, que requiere de un nivel de catarsis constante, y el más mínimo estímulo que sea mediáticamente manejado nos lleva a situaciones como ésta.

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